LA HISTORIA DEL CRISTIANISMO

El estudio de la historia del cristianismo es de gran provecho para el líder cristiano. Primero, el estudio de la historia del cristianismo reafirma la fe del creyente en la validez de su mensaje y obra. No hay una explicación adecuada para la vitalidad continua del testimonio cristiano frente a las tremendas dificultades por las que ha atravesado, que no sea la validez del mensaje que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Los frutos de la proclamación de este mensaje renuevan la fe en la obra del Espíritu Santo, como agente de la acción redentora de Dios en la historia. El testimonio cristiano ha hecho una contribución significativa al desarrollo de la humanidad.

  1. El cristianismo ha revalorizado la vida del ser humano individual y la sociedad como un todo. Esto ha tenido un impacto especial en los grupos humanos más oprimidos, las mujeres, los niños, los enfermos, los marginados, los prisioneros y los esclavos. El cristianismo también presenta el concepto más alto de sociedad: el reino de Dios, la sociedad de los redimidos bajo el señorío de Cristo.
  2. El cristianismo ha revalorizado el trabajo del ser humano. En lugar de ser una fuente de humillación y explotación, el testimonio cristiano ha enseñado que el trabajo es una oportunidad para glorificar a Dios y cumplir el destino propio como mayordomo de su creación. El cristianismo ha contribuido a la elevación social de los trabajadores alrededor del mundo.
  3. El cristianismo ha revalorizado la educación del ser humano. Gracias al testimonio cristiano, la educación ya no es entendida como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos, sin exclusiones. El ejercicio de este derecho inalienable es esencial para el desarrollo de la dignidad de cada persona. Debe recordarse que los primeros en ofrecer oportunidades de educación a las mujeres fueron cristianos.
  4. El cristianismo ha revalorizado la historia del ser humano. El testimonio cristiano ha provisto de una nueva interpretación de la historia, que ofrece esperanza para la humanidad y sentido al devenir. El cristianismo cambió el concepto griego de la historia como una serie de ciclos dominados por el destino o la fortuna. La fe cristiana toma en cuenta tanto la inmanencia como la trascendencia de Dios en los eventos de este mundo. Pero reconoce que el ser humano no alcanzará su destino final dentro de la historia, sino que evoca su esperanza para que mire más allá de la historia a la victoria final en Cristo.
  5. El cristianismo ha revalorizado las relaciones del ser humano. Su mensaje habla de la eliminación de prejuicios, odios, racismo, discriminación, e invita a todos los seres humanos a reconciliarse con Dios y los unos con los otros. El llamado a la reconciliación incluye la idea de una nueva fraternidad y solidaridad entre los seres humanos, que tiene que encontrar expresión concreta en la vida de la comunidad de fe, como modelo de comunidad humana.

          Segundo, el estudio de la historia del cristianismo demuestra la falacia de confundir los perfiles culturales del cristianismo con el evangelio mismo. En la historia del cristianismo es posible ver períodos áridos y oscuros, cuando apenas la cáscara externa de la religión parecía estar intacta. Las Cruzadas, los papas renacentistas, la imposición del cristianismo a los pueblos nativos en América Latina, los destinos manifiestos y los imperialismos mesiánicos son apenas algunos pocos ejemplos de la confusión entre subproductos culturales de la fe y el evangelio cristiano. La confusión de la fe cristiana con la cultura occidental ha sido frecuente, y generalmente con resultados deplorables.

          El estudio del pasado adquiere un valor especial cuando el estudiante reconoce su propio papel en el curso de la historia. Cuando tomamos conciencia que somos protagonistas y peregrinos en el tiempo, entonces estamos listos para aprender más y mejor de la historia. Esta actitud hace que el estudio del pasado no resulte aburrido ni difícil, y que se reavive nuestro interés por los eventos acontecidos. De allí que una adecuada aproximación a la historia del testimonio cristiano debe hacerse “desde el camino” y no “desde el balcón,” para expresarlo en los conocidos términos usados por Juan A. Mackay, el célebre misionero presbiteriano en Perú.

 

Pablo Deiros

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